Cómo nació mi lenguaje visual
Mi lenguaje visual nació de una búsqueda. Mucho antes de encontrar un lenguaje propio, intenté comprender algunas de las grandes preguntas que han acompañado al ser humano desde siempre. La mitología clásica fue el primer camino que encontré para transformar esas inquietudes en imágenes.
Cuando empezó mi búsqueda
El arte tiene la capacidad de hablar de aquello que no siempre puede explicarse con palabras. Más que representar escenas o personajes, sentía la necesidad de explorar preguntas que han acompañado al ser humano desde la Antigüedad: quiénes somos, de dónde venimos o cuál es nuestro lugar en el universo. Aquellas inquietudes fueron el punto de partida de mi pintura mucho antes de que aparecieran los primeros símbolos.
La mitología clásica se convirtió en el primer lenguaje con el que empecé a dar forma a esas preguntas. Sus personajes no representaban únicamente historias del pasado; para mí eran una manera de reflexionar sobre el conocimiento, el tiempo, la libertad o la búsqueda de sentido. Poco a poco fui reinterpretando esos relatos para construir composiciones propias, donde cada elemento comenzaba a adquirir un significado dentro de la obra. Sin ser consciente de ello, los primeros símbolos comenzaron a aparecer en aquellas acuarelas. Yo no los elegí; fueron surgiendo de forma natural y, con el paso de los años, comprendí que ya estaban dando forma al lenguaje visual que hoy identifica mi obra.
La necesidad de respuestas
“El conocimiento del universo” representa el origen de mi lenguaje visual. La figura dirige su mirada hacia el cielo tratando de comprender aquello que siempre ha intrigado al ser humano: quiénes somos, de dónde venimos, cuál es el sentido de nuestra vida o por qué estamos aquí. Son preguntas que me han acompañado desde muy joven y que despertaron en mí la necesidad de buscar respuestas a través de la pintura.
Al contemplar hoy esta acuarela descubro algo que, probablemente, yo misma no era plenamente consciente de haber pintado. La figura no solo observa el universo: poco a poco comienza a fundirse con él. Su cuerpo se deshace y pasa a formar parte del firmamento, como si la respuesta a esa búsqueda no estuviera fuera, sino en comprender que también nosotros formamos parte de ese universo que intentamos entender. Nunca pretendí encontrar una respuesta definitiva. Lo que me interesaba era utilizar el arte para explorar esas preguntas y convertirlas en imágenes.
Quién soy
Desde muy joven sentí la necesidad de utilizar la pintura para explorar preguntas que siempre me habían acompañado: quiénes somos, de dónde venimos o cuál es nuestro lugar en el mundo. Antes de encontrar un lenguaje visual propio, recorrí un camino de búsqueda en el que la mitología clásica se convirtió en el primer medio para transformar esas inquietudes en imágenes.
Con el paso de los años comprendí que aquellas primeras acuarelas ya contenían el origen de mi obra. Los símbolos fueron apareciendo de forma natural y comenzaron a construir un lenguaje que seguiría evolucionando hacia las composiciones simbólicas y el arte visionario que desarrollo en la actualidad.
Cada etapa de mi trayectoria forma parte de ese mismo recorrido. Mirar hoy estas obras me ha permitido descubrir que las preguntas nunca cambiaron; lo que ha evolucionado ha sido la manera de expresarlas a través de la pintura.
La mitología como un lenguaje propio
Más allá de los relatos clásicos
Siempre me fascinó la mitología clásica porque descubrí que sus historias seguían planteando las mismas preguntas que acompañan al ser humano desde hace siglos. No veía a los dioses como personajes lejanos pertenecientes al pasado, sino como símbolos capaces de expresar inquietudes que continúan plenamente vigentes. Por eso nunca sentí la necesidad de ilustrar fielmente los mitos clásicos. Muy pronto empecé a reinterpretarlos y a crear mis propias historias.
Cada acuarela se convirtió en una nueva narración. Los personajes conservaban su fuerza simbólica, pero dejaban de representar únicamente el relato original para formar parte de composiciones creadas por mí. La mitología dejó de ser un tema para convertirse en el primer lenguaje con el que empecé a expresar mi propio mundo interior.
Volver a casa
Volvamos a casa nació como una metáfora de la transformación personal. Hay momentos en los que sentimos que ha llegado la hora de dejar atrás una etapa de nuestra vida para regresar a nosotros mismos. No se trata de volver a un lugar físico, sino de recuperar aquello que somos cuando dejamos de vivir guiados por el miedo, las expectativas o la costumbre.
En esta acuarela, la figura femenina intenta convencer a la figura masculina de que ha llegado ese momento. La historia no pertenece a ningún relato clásico; nace de una reflexión sobre la necesidad de abandonar aquello que ya no tiene sentido para emprender el camino de regreso hacia nuestro propio interior. Fue en obras como esta donde la mitología empezó a convertirse en un lenguaje con el que expresar experiencias profundamente humanas.
«No se trata de volver a un lugar físico, sino de regresar a uno mismo.»
Los símbolos empezaron a contar sus propias historias
El nacimiento de un lenguaje simbólico
Con el paso del tiempo, las escenas mitológicas fueron haciéndose cada vez más personales. Ya no necesitaba que toda la narración descansara sobre los personajes. Poco a poco comenzaron a aparecer objetos y pequeños detalles que aportaban nuevos significados a la composición. Libros, manuscritos, relojes o fragmentos de textos dejaron de ser simples elementos decorativos para convertirse en parte del relato.
Fue entonces cuando comprendí que mi lenguaje visual estaba empezando a transformarse. Cada símbolo añadía una nueva capa de lectura y la obra dejaba de depender únicamente de la escena representada. Sin buscarlo de forma consciente, aquellos elementos comenzaron a construir una forma diferente de contar historias, anticipando la evolución que años más tarde seguiría desarrollándose en mi pintura.
Cuando la inspiración se aleja
Erato ausente nació pensando en esos momentos en los que, aunque nuestro cuerpo permanece aquí, la mente se encuentra muy lejos. Son esos instantes en los que seguimos mirando el papel, un libro o el paisaje que tenemos delante, pero sentimos que aquello que nos impulsaba a crear ha desaparecido. La inspiración parece haberse marchado y solo queda la espera.
Erato es la musa de la poesía en la mitología griega, pero en esta acuarela quise imaginarla desde otra perspectiva: la de su ausencia. No representa la inspiración cuando llega, sino el vacío que deja cuando se aleja. Fue una de las primeras veces que utilicé un personaje mitológico para hablar de una experiencia profundamente humana y cotidiana, transformando un mito clásico en una historia propia.
El valor de abandonar lo conocido
En esta obra imaginé una figura femenina y otra masculina que deciden abandonar el Olimpo. Para mí simboliza esos momentos en los que sentimos que ha llegado la hora de dejar atrás una vida que ya no nos representa, aunque hacerlo signifique enfrentarnos a la incertidumbre. A veces permanecemos en lugares que nos ofrecen seguridad, pero que han dejado de tener sentido. Dar el paso hacia lo desconocido produce miedo, pero también puede ser el comienzo de una nueva etapa.
La figura masculina aparece fragmentándose mientras abandona ese mundo aparentemente perfecto. No sabe qué encontrará al otro lado, pero comprende que seguir donde está ya no es una opción. Al mirar hoy esta acuarela, reconozco que ya no utilizaba la mitología para contar historias del pasado, sino para expresar experiencias profundamente humanas que formarían parte del nacimiento de mi lenguaje visual.
«Toda transformación comienza cuando nos atrevemos a dejar atrás aquello que ya no tiene sentido.»
Un lenguaje visual en constante evolución
Aquellas primeras acuarelas simbólicas marcaron el comienzo de un camino que continúa evolucionando en la actualidad. La mitología fue el primer lenguaje con el que empecé a expresar las preguntas que siempre me habían acompañado. Con el paso del tiempo, nuevos símbolos, nuevas imágenes y nuevas formas de representar esas mismas inquietudes fueron apareciendo de manera natural, dando lugar al lenguaje visual que hoy identifica mi obra.
Cada etapa de esa evolución ha formado parte de una misma búsqueda. No han cambiado las preguntas que dieron origen a mi pintura; lo que ha evolucionado ha sido la manera de expresarlas. Ese recorrido continúa abierto y sigue creciendo con cada nueva acuarela.
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